21 de junio de 2017

Las malas lenguas



Te enteraste de que Gromov y el polaco se acercaron a la librería de lance La Buscona a husmear; allí, Tinofc se encontró con los ensayos y artículos de F. Casavella, Elevación, elegancia y entusiasmo, y le dio la calambrina. Al preguntar por el precio el camarero del Belmondo le dijo que pertenecía a su colección privada.


Visto y oído en Cantareros 3

menoslobos (taller editorial)




Otra editorial bestiaria

[el trapero]

Hotel Continental

Canciones gitanas (Diarios 1989-1992), Eduardo Jordá

[el trapero]


15 de junio de 2017

Ultramarino Sound



Expurgos




[Tinofc]

Poemas simplistas


http://www.zut-ediciones.com/


Reúne este volumen los tres libros esenciales de la peripecia vanguardista de Alberto Hidalgo, química del espíritu (1923), Simplismo (1925) y Descripción del cielo (1928). Hidalgo se las arregló para hacer ruido desde bien temprano: ya en el año 16 había publicado en su pueblo natal, Arequipa, un folleto tituladoArenga lírica al Emperador de Alemania, en el que se disfrazaba, más en el fondo que en la forma, de futurista.
No es raro que, después del impacto de las vanguardias en Latinoamérica, Hidalgo se decidiera a fundar, con un manifiesto y unos poemas, un movimiento que le tuvo a él como capitán y único soldado: el simplismo. El largo texto en que recoge los propósitos y presupuestos teóricos de ese movimiento, está lleno de ideas prestadas por los demás movimientos vanguardistas. Pero las teorías importan poco si no se apoyan en textos que las hagan buenas: y de Hidalgo importan más sus poemas que sus proposiciones teóricas, un poco mareantes, cuando no ya conquistadas por teóricos previos. Química del espíritu -donde aún no se habla de simplismo, y es seguramente el mejor libro de Hidalgo, por su frescura, por su atrevimiento, por el ingenio con que están elaborados sus pocos y magníficos poemas visuales- y Simplismo, son dos de las cimas de la poesía de vanguardia en Latinoamérica, y junto al tercer libro de la época, Descripción del cielo. poemas de varios lados (1928), donde se recogen los poemas murales de Hidalgo, componen uno de los más vivos corpus poéticos de esa época, comparable al firmado por Oliverio Girondo.
Muchos de los poemas de Simplismo son meras concatenaciones de greguerías, pero tienen una capacidad envidiable para hallarlas en cualquier parte, no sólo en los característicos entramados urbanos tan cantados por los poetas de vanguardia -y ahí Hidalgo suena algo al Morand de Lamps á arc- sino también en elementos poco visuales, abstractos (por ejemplo, el poema El fin simplista). El libro tiene por ello, como casi todo Ramón, un no sé qué infantil y delicioso, incluso en los momentos de pulla -como cuando en la Oda a Arequipa, dice que las recuas de borricos aprendieron su trote en los versos de Santos Chocano. No es una de sus menores virtudes ese aire infantil y delicioso.
Estos poemas inventados que forman el corpus íntegro de su simplismo -aunque en puridad química del espíritu llegara demasiado pronto para ser considerado simplista y Descripción del cielo apareciera demasiado tarde- resultan mucho más accesibles y modernos y latentes que esas odas farragosas en las que acabó consumiendo su fortaleza poética


Alberto Hidalgo (Arequipa 1897-Buenos Aires 1967) es una de las figuras fundamentales -y una de las menos conocidas- de la vanguardia latinoamericana. Muy pronto recibió el impacto del futurismo, ya presente en su primer folleto «Arenga Lírica al Emperador de Alemania», si bien este impacto era más externo que interno: sus temas eran futuristas -la guerra, los motores, los aviones, el deporte-, su fondo, aún modernista. Fue a partir de un viaje a Europa del que volvió diciendo barbaridades de España en su libroEspaña no existe, cuando Hidalgo funda su propio movimiento: el simplismo. En realidad no era más que ultraísmo pasado por la túrmix de alguien que detestaba a los ultraístas. Pero lo que importa en la poesía de Hidalgo, en cualquier poesía, no es qué etiqueta puede colgársele, sino cuál es su potencia: y la potencia lírica de Hidalgo era mucha. Lo demostró en un ciclo de libros que componen uno de los más importantes corpus vanguardistas en español: Química del espírituSimplismo y el colosal Descripción del cielo (un libro fetiche, compuesto por poemas que se despliegan hasta quedar convertidos en carteles). Son esos los tres libros reunidos en la edición que publica zut, rescatando una de las voces que más claramente demuestra que las vanguardias históricas fueron, en Latinoamérica, algo más que una plantación de sabrosas anécdotas.
[Larsen]

14 de junio de 2017

Sierra Pambley, 1



Dejar la piel






[Larsen]

Hojeo




[Tinofc]

Alberto Hidalgo






La Sagrada Cripta de Pombo
(extracto)

    “Alberto Hidalgo me envió hace años desde el Perú un libro titulado Jardín Zoológico. Aquel libro era un libro valiente, impulsivo, terrible, en que insultaba a todos los escritores, menos a mí. A veces iba demasiado lejos, y yo me eché a temblar, porque pensé que algún día, aunque yo pienso seguir invariable en mis trece, el joven iconoclasta se cansaría de mí, y yo conozco lo terrible que es la venganza de los que han creído en nosotros, el día que dejan de creer.
    Él iba metiendo en jaulas cerradas y de castigo a gentes que andan por ahí sueltas, triunfantes y con una seriedad de canguros, de osos o de rebecos, que nadie sabe ver en su verdadero aspecto zoológico. Hasta a algún león le reducía Hidalgo y le lograba meter en su jaula.
    La jaula de los monos y de los chimpancés era la que más concurrida estaba en el Parque Zoológico de Hidalgo, y hasta había el ferrado y tremebundo redil para el elefante.
    Yo escribí una carta agradecida a mi desconocido amigo, dirigida a Arequipa (Perú), y pasó tiempo, y sólo alguna vez pensaba con satisfacción, al ver los constantes viajes a América de los farsantes, que allí hay quien ve lo que está al otro lado del mar y es lejanísimo de la América alabada y vilipendiada.
    A veces también leía uno de esos pensamientos triviales, que Hidalgo titula Átomos en su libro, verbi gracia: ‘49. La m debería tener cuatro palotes, puesto que la n sólo tiene dos’.
    O bien leía alguna de sus biografías de esos cucos españoles que van allá y oirá las conversaciones indiscretas que allí sostienen, creyendo que nadie lo va a saber en España jamás. El capítulo a Marquina tiene un final curioso: ‘Imaginaba yo que Marquina vendría con gran melena, capa española, zapatos de torero y noble espíritu bohemio. Recuerdo haber visto un retrato suyo con tal indumentaria. Pero parece que él quiso hacernos a los americanos teatro de modestia y de burguesía. Y nos lo hizo, que conste; pero nosotros le tomamos el pelo. Un día le dije yo, en un almuerzo a la criolla, que le ofrecí: Marquina, ¿por qué usa usted medias de algodón? Es de mal gusto…’
    Alberto Hidalgo me seguía pareciendo un ser avispado, sincero hasta la grosería, penetrante hasta la invención, juvenil hasta el arrebato, y, sobre todo, bien orientado, que es lo más difícil de conseguir.
    Así, hasta que un día apareció en mi despacho un señor desconocido, de mirada de clavo, con manos nerviosas de estrangulador, cetrino como el diablo.
    - Soy Hidalgo, el autor de Jardín Zoológico-, me dijo, y yo entonces dejé la browning sobre la mesa y me dediqué a saber qué venía a hacer aquí.
     Le vi entusiasta, me enteré de qué consistía su dureza en amarlo todo demasiado y en pedir a todo demasiada perfección, y encontré que era un español nervioso, ágil, ansioso de pugilato, impaciente con esa desesperada impaciencia que corroe a todos los jóvenes del mundo en este momento.
    Durante unos días ha convivido conmigo y con mis amigos, viendo todos en él un avanzado, uno de esos hombres a los que hay que mirar al lanzar una idea, porque son como la piedra de toque de las ideas, huraños, silenciosos; pero arrebatados a veces, muchas veces, como le sucede a Hidalgo, que se dispara y mueve en el aire sus manos de murciélago, secas, enjutas, de dedos largos, afilados y curvos hacia adentro, unos dedos que son en sus intersticios entre dedo y dedo membranosos como los del murciélago.
    En su despedida –porque se va hoy precipitadamente- nos ha dejado para llenar la ausencia un precioso libro de versos, Joyería, del que es este poema:
ALBA

                                            En la humedad de la mañana, bajo
                                            un cielo de esos de fotografía,
                                            la ciudad, a lo lejos, parecía
                                            una ilusión envuelta en un andrajo.

                                            Arriba, lentamente, con trabajo,
                                            un rayo envuelto en timidez subía,
                                            y un cerro congeló su hipocondría
                                            mientras el río maldecía abajo.

                                           El viento se llenó de una fragancia
                                           de establo humedecido. A la distancia
                                           vibró el grito procaz de una vaquera.

                                          Y para comenzar su drama iluso,
                                          severo como un lord, el sol traspuso
                                          el lomo de la andina cordillera.

     Hidalgo en Pombo miraba con miradas acerbas a todos y sólo de vez en cuando entraba a saco en la conversación.
    Yo me sentía satisfecho de estar junto a un americano rebelde, cierto de tantas cosas como nosotros, de mano elocuente como una llamarada que atajaba las opiniones tontas y las prendía fuego.
    En la redacción ideal de un periódico que no existe nos encontramos reunidos siempre Hidalgo y yo”.

    (Ramón Gómez de la Serna. “La Sagrada Cripta de Pombo”. Imp. G. Hernández y Galo Sáez, Madrid, 1922 (¿?). Tomo II, páginas 238,239 y 240. En: Ernesto Daniel Andía. Diagnosis de la Poesía y su Arquetipo. Buenos Aires–1951. Editorial “El Ateneo”, pp. 295-297.)


Álvaro Sarco



[el trapero]

Lejos de todo

San Martín del Agostedo


[el trapero]